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Minotauro, de Andrey Zvyagintsev

Crítica 2026 por @kubrick_hates_thursdays 24 Sep 2026

Sinopsis:

Rusia, 2022. Gleb, un exitoso hombre de negocios, se ve acorralado por las crecientes presiones empresariales y por un mundo cada vez más inestable. Su vida, tan cuidadosamente ordenada, amenaza con desmoronarse y arrastrarle al colapso emocional y moral. Reinterpretación libre de ‘La mujer infiel’, de Claude Chabrol.

Crítica:

El aclamado cineasta ruso, Andrei Zvyagintsev, no estrenaba una película desde 2017. En aquella ocasión lo hizo con la desoladora ‘Sin amor’ que, previamente, había presentado en Cannes. Han tenido que pasar 9 años para poder ver su nuevo trabajo en el marco del Festival de San Sebastián, tras ganar el Gran Premio del Jurado de Cannes 2026 en mayo y ser seleccionada por Francia para los Oscars 2027. Demasiado tiempo, si tenemos en cuenta la envergadura de este magnífico director de cine y de su obra.

Pero es que nadie contaba con que el artífice de ‘Elena’ y ‘El Regreso’, tras contraer COVID-19 a finales de 2021, pasaría un año internado en una clínica, postrado en una cama, intentando sostener una cuchara con la mano y aprendiendo a volver a caminar, debido a los graves daños que sufriría su cuerpo.

Aquella a larga enfermedad, asociada a la falta de financiación y el exilio forzado por causa de la invasión rusa en Ucrania, le obligó a desechar varios proyectos en los que estaba involucrado hasta que llegó la posibilidad de realizar ‘Minotaur’. Una oportunidad que no ha desaprovechado ni mucho menos, que ha resuelto con la destreza que nos tiene acostumbrados y que marca su regreso triunfal al foco artístico y mediático.

‘Minotaur’, libre adaptación de ‘La mujer infiel’ de Claude Chabrol, se inspira en el mito del Minotauro cretense para edificar las paredes maestras de un laberíntico y turbulento neo noir que reúne las echuras narrativas del thriller político más áspero e implacable mientras liga su suerte a los tropos más clásicos del drama conyugal.

Ambientada en la agitada Rusia contemporánea, justo en el momento que se inicia la guerra de Ucrania, narra la historia de un empresario exitoso cuya idílica vida colapsa al descubrir la infidelidad de su esposa y sufrir las presiones de un Estado totalitario, corrupto y corruptor.

La película, valga redundancia, es puro Zvyagintsev. Y aunque en ella se rebaje el nivel de exigencia para el espectador demostrado otras veces, repite las cuestiones que más le han obsesionado siempre y los códigos estéticos y morales que lo han consagrado en obras inconmensurables como ‘El Regreso’, ‘Leviatán’ o ‘Sin amor’.

Al igual que en aquellas, Zvyagintsev disecciona la condición humana y la realidad sociopolítica de la Rusia de Putin, a la que retrata con muy poco, con una economía de esfuerzos encomiable, pero de manera fiel y descarnada, hasta el punto de desnudar ferozmente sus vergüenzas. Con elegancia y la sobriedad visual de siempre, sin demostrar demasiados alardes, golpeando la cuestión de fondo con guante de seda, pero con puño de hierro.

En ‘Minotaur’ vuelve a indagar sobre la desintegración absoluta de un núcleo familiar descompuesto por el vacío existencial que conlleva el materialismo moderno, el egoísmo, la frialdad extrema y la falta de empatía, la pérdida absoluta de afectos y la incomunicación que sufre la relación entre sus adultos. Aquí estamos ante un marido controlador, aparentemente bueno, aunque consumido por su yo más sombrío, superado por las circunstancias y una mujer aislada, anulada y alienada por una relación desigual, marcada por un entorno social y político de raíz patriarcal que lleva las leyes no escritas del machismo marcadas a fuego.

Al mismo tiempo, como hizo en ‘Leviatán’, denuncia la corrupción del poder, la decadencia y la putrefacción de un Estado amoral de estructura jerárquica y piramidal, mafioso y opresor, que es insaciable – como aquella criatura mitológica, mitad hombre mitad toro a la que había que alimentar mediante sacrificios humanos – y contagia todo lo que toca. Unas instituciones públicas y una burocracia inclemente y caprichosa, que se cierne sobre el ciudadano medio para desprotegerlo, aplastarlo y violentarlo a través de cualquier excusa que se le ocurra.

En este caso, la guerra, se acepta como animal acuático. Zvyagintsev vuelve a hacer alquimia con lo micro y lo macro e hibrida las dos almas que se retroalimentan y conviven en su trágica historia de manera impecable, gracias a un guión sin fisuras que se despliega pacientemente, sin admitir enmiendas y las convierte en metáfora, causa y/o consecuencia de una y de otra. O viceversa. Acaso para este autor el individualismo, la familia y el amor a la patria no es el alfa y omega de su Minotauro, alegoría bestial de la nación que le vio nacer?
Pero si no tuviéramos suficiente con este fondo, relleno de capas y capas de subtexto, las formas sobre las que éste se sustenta, levantan la mano para que les prestemos debida atención.

La puesta en escena de este conspicuo largometraje habla sin necesidad de reclamar diálogos para ella y el preciso empleo de la iluminación, describe a la perfección los personajes protagonistas y redefine con exactitud su situación en la trama y los estados de ánimo por los que pasan.

Apoyado en su fiel escudero, el director de fotografía, Mikhail Krichman, el maestro ruso narra a través de encuadres geométricos y composiciones milimétricas, planos fijos, planos secuencias, dollys y paneos de 360 grados ralentizados, que solo se ponen en marcha con la idea de acrecentar la tensión o anticipar amenazas – en este sentido, la manera como resuelve un encuentro sexual entre los amantes, es admirable – y por vía del empleo de una paleta de colores fría, donde los grises, los azules y los tonos más oscuros y mortecinos se imponen a las luces cálidas. Y es que esta película, como tantas en la inconmensurable filmografía de Zyagintsev, tampoco escapa de una sensación permanente e ineludible de irresoluta fatalidad.

Esa es, precisamente, la sensación que queda al final, tras superar el tour de force al que te somete. Y es que, en la cinta, aunque esté impecablemente finiquitada, sus personajes andan todavía fuera de campo, perdidos en su laberinto psicológico y emocional intentando que la Bestia no los atrape, evitando devorarse entre ellos o así mismos. ‘Minotaur’, vista en el Festival de San Sebastián, llega a cines el 22 de enero de 2027.

Título originalMinotaur
DirecciónAndrey Zvyagintsev
Reparto principalDmitriy Mazurov, Iris Lebedeva
PaísFrancia, Rusia
Año2026
Duración (min)141 min
Fecha de estreno2027-01-22

8.5/10

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